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El Pinsapo y Edmond Boissier (Ginebra 1810 -
Valeyres 1885)

Busto de Edmond Boissier
Como ya es conocido, pinsapo es un nombre
resultante de la contracción de dos palabras, pino y
sapino. Esta última también significa en español, abeto, aunque
actualmente es una palabra en desuso en nuestra lengua. Los abetos sólo se
encuentran en España en el Sur (Abies Pinsapo Bois.) y en los Pirineos
(Abies alba Mill.).
El pinsapo es una planta
gimnosperma de la clase de las coníferas, familia de las pináceas, tribu de las
abietíneas, conocida con el nombre científico de Abies
Pinsapo Boissier, del botánico que la clasificó. Así lo define Agustín Bou,
en su publicación Los Pinsapos de la Serranía de Ronda,
Ronda, 1974.
Edmond Boissier era un joven botánico suizo que,
aconsejado por los también botánicos A. P. de Candolle y Philip Barker Webb, en
el año 1837, contando 27 años y siendo soltero, vino para estudiar la flora del
Reino de Granada, cuando España estaba afectada de pleno por la primera guerra
carlista.
Tras su viaje publicó su libro, en tres
tomos, Voyage botanique dans le Midi de l’Espagne pendant l’année 1837
(Viaje botánico al Sur de España durante el año 1837), publicado en París en
1839-1845. El primer tomo describe el viaje, el segundo las especies botánicas
vistas y el tercero es una hermosa colección de láminas botánicas (las
números 167, 168 y 169 corresponden al Pinsapo). Las penalidades de Boissier
durante su viaje quedan reflejadas en las últimas palabras de su libro:
“Siete días después de mi salida de Madrid llegué a Pau, desde donde alcanzo
Suiza por Toulouse y Montpellier, penetrado de reconocimiento hacia el
Todopoderoso que me había protegido tan visiblemente durante todo el curso de
este viaje”
Después hizo varios viajes a distintos puntos de
España, siempre por motivos botánicos. En uno de estos viajes murió su esposa en
Granada, de fiebres tifoideas, en 1849, lo cual le causó un hondo pesar.
En su libro, entre otras especies, describe
el pinsapo. La existencia de este árbol le había sido comunicada por Felix
Haenseler, este había nacido en Durach, Baviera, y había militado bajo las
banderas de un regimiento suizo al servicio de España. Cuando se licenció estuvo
nueve años de farmacéutico en Estepona, conociendo por este motivo su flora,
entre ellos este abeto. Haenseler se trasladó a Málaga, donde después le conoció
E. Boissier, sabiendo este de la existencia de la rara especie a través suya,
descrita en su libro, cuya denominación botánica pasó a ser la de
“Abies Pinsapo Boiss.”, dada en su
honor. Arbol que vió por vez primera en Sierra Bermeja, la Sierra de Estepona.
La distribución actual del pinsapo se reduce a
unas manchas desconectadas entre sí en la Sierra del Pinar, Sierra de las
Nieves, Sierra Hidalga y en Los Reales de Sierra Bermeja, que es el pinsapar más
al sur de la península.
Aunque el mérito de la
descripción del pinsapo se lo llevó Edmond Boissier, lo cierto es que, con
anterioridad Simón de Rojas Clemente y Rubio (Titaguas,
1777-Madrid, 1827), lo describió en 1818, aunque no
traspasó el umbral necesario para su reconocimiento universal (véase el apéndice
documental).

Estepona a Edmond Boissier,
Sierra Bermeja. Foto: Enrique Baserga
elmiradordeestepona
Apéndice
documental]
Agricultura
general de Gabriel Alonso de Herrera, II, Adiciones de Simón Rojas Clemente
Madrid, 1818
p. 406
“El abeto comun,
llamado pinsapo en el reino de Granada, y tambien pinabete por los
artistas (Pinus Picea. Lin. Abies pectinata. Decand.), abunda
espontáneo en la Sierra del Pinar, en la de Tolox y la de los Reales sobre
Estepona, a la altura de unas mil novecientas hasta dos mil cuatrocientas varas
sobre el nivel del mar; siendo su zona favorita la subalpina. Gusta de los
terrenos calizos y de serpentina; mas no del granito. El tronco es derecho, y se
eleva hasta mas de ciento veinte pies. Las ramas salen casi perpendiculares al
horizonte, y se encorvan o arquean hacia el suelo por las estremidades, formando
el todo del árbol una especie de cono corto, y ancho por la base. La corteza es
blanquecina, débil, quebradiza, y la madera tierna y resinosa. Las piñas son
rojizas en su madurez, muy anchas por la base, y su punta mira constantemente al
cielo.”
[Apéndice
documental]
Viaje botánico
al Sur de España durante el año 1837
(trad. de F. J.
Albertos)
Edmond
Boissier
París,
1839-1845
Tomo 1, capítulo
VI
“…
Estepona es una
bonita ciudad construida al borde de la playa, alegre, moderna y toda
esplendorosa de blancura. Cada casa está pintada al exterior, con una capa de
cal que se renueva al menos todos los meses y que llega hasta el adoquinado, lo
que hace creer, a primera vista, que estas habitaciones han sido talladas en una
capa de yeso; pero si, saliendo de las dos o tres calles que bordean el mar, se
dirige hacia la parte de las colinas, sólo se encuentran pobres chozas informes,
en medio de chumberas y construídas en adobe, miserable abrigo que la serenidad
y que, sin embargo, la singular dulzura del clima las hace suficientes para las
clases inferiores. Me paré en la posada que está a la entrada de la ciudad y me
instalé en una gran sala cuyas ventanas daban frente al mar. Como si la vecindad
de la ciudad inglesa, de la que veíamos el peñón a seis leguas de distancia,
hubiese influido ventajosamente sobre esta morada, todo estaba allí bien
organizado y de una limpieza afectada.
Me preparé para
la ascensión del día siguiente a Sierra Bermeja. Estaba lleno de curiosidad por
visitarla, con el fin de observar un abeto del que había visto una rama sin
fruto en el herbario del Sr Haenseler en Málaga y que me parecía ser una especie
nueva. Todo el mundo en Estepona conocía este árbol con el nombre de Pinsapo,
del que se hacía uso en las procesiones y en las fiestas religiosas, a causa
de la elegancia de su follaje y de sus ramos que, dispuestos en ángulo recto en
sus últimas ramificaciones, parecen pequeñas cruces. Desde la misma ciudad se
podía distinguir, cerca de la cima de la Sierra, los bosques que formaba; su
tinte opaco contrastaba con el verdor pálido y claro del Pinus Pinaster
que cubría las pendientes inferiores.
…
Sobre la última
cuarta parte de la montaña, los pinos disminuyen desapareciendo de repente
siendo reemplazados por los Pinsapos, que tuve el placer de poder
examinar de cerca. Sus ramas, que guarnecen el tronco hasta la base, me
recordaron a nuestros abetos, pero la notable pequeñez de sus hojas espesas y
carnosas y su disposición cilíndrica sobre las ramas no me permitían
relacionarla con ninguna especie conocida. Busqué conos para aclarar mis dudas,
pero no pude encontrar restos, me fue preciso renunciar de momento el satisfacer
mi curiosidad sobre estos árboles, sobre los que trataré más adelante...
…
El señor
Haenseler, que vivió cerca de nueve años en Estepona, ha descubierto en estas
colinas un cuadrúpedo nuevo para Europa, el Viverra Ichneumon, que sólo
era conocido hasta ahora en Egipto y en algunos puntos de Berbería; vive en
madrigueras y en el país se le da el nombre de
Meloncillo.
Capítulo VIII
…Partido el 5 de
junio por la mañana, encontré en La Línea a mi honrado Antonio, al que había
dejado allí con su mulo durante mi viaje a la fortaleza y nos encaminamos hacia
Estepona. Raramente he hecho un camino tan desagradable: casi siempre es
necesario atravesar la arena de la playa y no puede uno imaginarse hasta que
punto un terreno de tal característica es fatigoso bajo un ardiente día de
verano. La única solución es seguir el borde del mar tan cerca como sea posible,
donde la arena está mojada y en donde uno se hunde menos profundamente.
…
Llegué temprano a
Estepona que, siempre risueña, se miraba en las aguas del mar e hice advertir a
mi amigo Trompoviejo, el guía de la Sierra, mi deseo de subir a ella el día
siguiente. Trompoviejo es guarda forestal de la montaña, es un hombrecillo vivo,
robusto y aunque ya de edad, es tan ágil como las cabras salvajes de las que era
el terror.”
© F. J.
Albertos, 2008
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