Los hechos más sobresalientes
durante el reinado de Juan II, en relación con Estepona y su comarca, fueron los
siguientes:
-Año de 1408,
la incursión que salió de Jerez de la Frontera el 25 de febrero, al mando de
García Fernández Manrique y corrió los campos de Estepona la Nueva, Estepona la
Vieja, Gibraltar, Casares hasta Marbella. El botín conseguido a los moros
fueron: 3.000 vacas, 150 yeguas y rocines y 6.000 ovejas. A su vuelta, el río
Guadiaro estaba muy crecido, por lo cual degollaron las ovejas, antes de
atravesarlo. En una crónica se señala que los moros muertos fueron 60 y 20 los
heridos y en otra 70 y 25 respectivamente.
-Año de 1410,
ataque del almirante de Castilla, Alonso Enríquez, a Estepona
“un lugar de moros”
en una fecha igual o posterior al 24 de Junio, saliendo desde la
Torre Carbonera. A una legua antes de llegar a esta villa, desembarcaron gente
por tierra y la flota continuó hasta ella, pero falto de coordinación, los
desembarcados en tierra comenzaron la lucha antes de que llegaran los de los
barcos, que sólo pudieron ayudarles a reembarcar porque estaban siendo
rechazados muy reciamente por los moros habitantes de Estepona. El almirante
quedó tan enojado que proyectó volver más adelante sobre esta villa, para llegar
antes del amanecer, lo cual hizo el 3 de Septiembre de 1410, pero cuando estaban
a una legua de distancia, salió el sol, con lo que desistió del ataque, porque
temieron ser vistos.
-Año entre 1418 y 1425,
en la Historia
de la Ciudad de Ceuta, de Jeronimo de Mascarenhas, se da la noticia del
ataque “a una aldea rica que estaba junto a Marbella” por la acción
conjunta del portugués Gonzalo Vello y de los castellanos Juan y Gonzalo
Saavedra. Aunque no se cita explícitamente a Estepona, sin duda se refiere a
ella, porque cuando se estaba planeando el ataque se dice: “…esta empresa
fue contrariada de algunos por la fortaleza del sitio i por çerca que tenia los
socorros de otros lugares de gente belicosa, i lo apoyavan con un exemplar
passado, en que los castellanos fueron totalmente desbaratados…”. Este ”exemplar
pasado” pudo ser muy bien el ataque frustrado del
almirante Alonso Enríquez en 1410. La estrategia fue algo parecida a la
relacionada anteriormente, los portugueses desembarcarían a una legua antes de
la población y los caballeros castellanos atacarían por el lado de Marbella.
También esta acción estuvo a punto de fracasar por falta también de
coordinación, ya que, los castellanos se retrasaron y se trabó el combate por
los portugueses contra los habitantes moros de Estepona, que se defendieron
bravamente. La llegada tardía de los castellanos fue interpretada por los
portugueses como tropa de ayuda para esta población, por lo que se estuvo a
punto de abandonar el sitio. El botín que cogieron fue sustancioso, quedando la
aldea incendiada.
-Año de 1448,
Juan de Saavedra, alcaide de Jimena de la Frontera y Ordiales, caballero
sevillano, entraron en tierra de moros,
“Juan de Saavedra e Ordiales
corrieron por la parte de Estepona fasia Marbella fasta Río Verde”,
pero se encontraron con una fuerza de moros que volvían de
tierras cristianas. Estos fueron atacados por los cristianos, pero la fuerza
mora venía escalonada en tres columnas, por lo que calcularon mal su cantidad y
fueron vencidos. Saavedra fue capturado y Ordiales fue muerto.
Ello dió lugar a tres
romances que se inician con este nombre,
Río Verde,
que fue el lugar del encuentro. Este primer romance que sigue está dedicado
íntegramente a este descalabro de 1448:
“Río Verde, río Verde, más negro
vas que la tinta!
entre ti y Sierra Bermeja, murió
gran caballería.
allí mataron a Ordiales,
Sayavedra huyendo iba;
con el temor de los moros, en un
jaral se metía.
…..”
Este segundo,
lleva en su primera parte la acción de Río Verde propiamente, y adicionada, en
su segunda parte, la muerte de Don Alonso de Aguilar, ocurrida en Sierra
Bermeja, en el año 1501, que son acciones distintas y con otros personajes:
“Río
Verde, río Verde,
tinto
vas en sangre viva:
entre ti
y Sierra Bermeja
murió gran caballería
Murieron duques y condes,
señores
de gran valía;
allí
muriera Urdiales,
hombre
de valor y estima.
Huyendo
va Sayavedra
por una
ladera arriba;
tras él
iba un renegado
que muy
bien le conocía
…..”
Y este tercero que sigue, también lleva entremezclado la muerte
de Don Alonso de Aguilar:
“Río Verde, río Verde
¡cuánto cuerpo en tí se baña
de
cristianos y de moros,
muertos
por la dura espada!
Y tus
ondas cristalinas
de roja sangre se esmaltan;
entre moros y cristianos
muy gran batalla se traba.
Murieron duques y
condes,
grandes señores de
salva;
murió gente de valía
de la nobleza de
España
En ti murió don
Alonso,
que de Aguilar se
llamaba;
el valeroso
Urdiales;
con don Alonso
acababa.
Por una ladera
arriba
el buen Sayavedra marcha,
natural es de Sevilla,
de la gente más granada;
…..”
[Apéndice documental]
Crónica de Juan II
Alvar García de Santa María
Edición de Juan de Mata
Carriazo y Arroquia
Real Academia de la Historia
Madrid, 1982
p. 223
E los concejos de Xerez e de
Medina, e otros de la comarca, e Garcia Fernández, partieron dende en veinte e
çinco de febrero, e entraron contra Estepona la Vieja. E enbió otros cient de
cavallo para sobrecorredores, que corrieron fasta Estepona la Nueva, e corrieron
a Gibraltar e a Ganes e Casares, fasta dentro en el término de Marbella. E mató
desta entrada en el campo fasta sesenta moros, e troxieron a vida presos fasta
veinte moros, (con) çiento e çinquenta yeguas e fasta tres mill vacas e seys
mill ovejas. E como el tiempo era de muchas aguas que llovían del çielo, los
rios estavan muy creçidos, en manera que no podian pasar las ovejas por los rios.
E llegaron a Guadiaro, e pasaron las vacas e yeguas; e en que no pudieron pasar
las ovejas, mataron las que ende pudieron matar dellas.
p. 367
El almirante e los patrones que
con él eran estavan muy enojados porque no fallavan fustas que tomar ni con
quien peleasen. Ordenó el almirante de echar gente por tierra para que fuesen a
Estepona, un lugar de los moros, por ver si podrian fazelles algún daño. E así
como a una legua de Estepona mandó a Juan Enrriquez, su hijo, que saliesen en
tierra, e con él a Pedro de Pineda, e a Pero Barba, e Alonso Arias de
Monteagudo, patrón que hera de Pedro Portocarrero; con sus banderas e gente de
la flota con ellos. E el almirante tomó la flota e fuése por la mar adelante,
para mirar antel lugar de Estepona, por ver que farían los de la flota.
E los que yban por
tierra llegaron antes que la flota, e trabaron pelea con los moros de Estepona.
E los moros pelearon muy de rezio con ellos; tanto que los cristianos no los
pudieron sufrir, e yvan fuyendo por se recoger a la flota, que estava çerca de
tierra. E en llegando, el almirante vido como los cristianos fuyan, e mandó
llegar la flota çerca de tierra; e él salió en tierra, con pocos que con él
salieron.
E en tanto quedava
Juan Enrríquez peleando con los moros de la otra parte de las huertas, con fasta
ocho o diez omes darmas. E el almirante no sabia dello parte, fasta que le
dixeron que Juan Enrriquez hera ferido. E entonçes movió la gente para lo yr a
buscar, e fallaronlo peleando muy rezio con los moros, a él e a los que con él
estavan. E ya no podian sofrir los moros, que heran muchos.
E fue él ay muy mal
ferido, en el pescueço e en el rostro e en el celebro e en el lado, de viratones
e de otras feridas. E tenia delante de si, quando la gente llegó, dos moros
muertos. E los que con Juan Enrríquez estavan fueron feridos los mas dellos; e
ay fué ferido un su ome darmas que dezian Sancho Fernández, de que llegó bivo a
Tarifa, e luego murió, e ay fincó enterrado. E el almirante mandó tomar a Juan
Enrriquez e algunos feridos a Tarifa, a sanar.
E el almirante fué
muy enojado de lo que en este día avía acaesçido.
…..
E el almirante tenía
muy grande enojo de lo que fizieron los moros de Estepona, e quisiera mucho
fazelles mal e daño. E en tres dias de setienbre, en la noche, ordenó que
remasen toda la noche, porque amanesçiesen sobre ellos. E quando salió el sol,
fallóse a una legua de Estepona aquende. E temiendo que serían visto, dexólos.
[Apéndice documental]
Historia de la Ciudad de
Ceuta
Jerónimo de Mascarenhas, año
1648
Edición Lisboa, 1918
Cap. 39º
Desesperados desta empresa
hizieron consejo, i ajustaronse en ir a saquear, i quemar una aldea rica de
trescientos vecinos, q’estava junto a Marbella; dispusieron q’ Gonçalo Vello la
acometiese por una parte con los Portugueses, i los Sayavedras por otra con los
castellanos, i aunq’ esta empressa fue contrariada de algunos por la fortaleza
del sitio, i por cerca q’ tenia los socorros de otros lugares de gente belicosa,
y lo apoyavan con un ejemplar passado, en q’ los castellanos fueron totalmente
desbaratados, intentando lo mismo; sin embargo resolvio la mayor parte se
executasse. Partio Gonçalo Vello por mar con su gente, i desembarcandola en la
playa una legua de la poblacion; fue luego sentido; holgose desto entendiendo q’
los castellanos llegarian por tierra tan a tiempo q’ diessen en los enemigos por
las espaldas; mas tardando demasiado, vino a sustentar el peso de la pelea sin
otra ayuda q’ la de los suyos. Llevava solo noventa i siete compañeros, i
caminaron en buen orden hasta cerca de la aldea guiados por un Adalid moro q’ se
havia convertido: ya como dixe eran sentidos, i los vezinos de la Aldea
procuraron poner en cobro sus mugeres, i hijos para quedar mas desembaraçados en
la pelea. Estava el lugar en una llanura, i a un tiro de mosquete un monte
fragoso, llano en la cumbre, para cuya entrada no havia sino ciertos passos
angostos, i dificultosos de penetrar, en q’ los moros se pusieron para
defenderla. Gonçalo Vello puso su gente, i haziendo una breve exortacion, i
dando las ordenes q’ convenia embarçando el escudo, i apretando la espada,
embistio el primero una de aquellas entradas. Salieron a la defensa los Moros
con igual prontitud, i a la primera embestida cayeron seis con golpes mortales,
i quedaron muchos de los nuestros heridos. Hicieron los Moros segundo
acometimiento con mayor viveza q’ el primero; mas hallaron tal resistencia en
los nuestros q’ tuvieron de retirarse con mayor perdida q’ la passada; mas
bolviendo otra vez con mayor furia se trabaron unos, i otros por grande espacio,
asta que viendo les haviamos muertos veynte, i cinco, se pusieron en retirada
con las espaldas al monte. A este tiempo tenian ya sus familias en la cumbre
donde tambien ellos se retiraron a defender las entradas. Gonçalo Vello
acompañado de algunos quiso subir; mas recibio una peligrosa herida en la
frente, de que quedo siempre sin vista de uno de sus ojos, i le derribaron de un
peñasco, donde pereciera sino le defendiera el escudo de las saetas, i piedras
q’ le tiravan. Mato aqui Juan de Almeida a un valeroso Moro mancebo, despues de
una singular i valerosa batalla. Levantosse Gonçalo Vello como pudo, i
considerando q’ era imposible penetrar la espesura del bosque con tan grande
defensa, i q’ tenia muchos heridos, trato de retirarse al campo como lo hiço.
Mas pensando los moros, q’ esta accion se originara de miedo, i q’ los nuestros
se ponian en huida, unieron sus fuerças, i salieron con gran impetu al llano.
Trabaronse unos i otros valerosamente, i estando por nuestra parte la victoria
con muerte de otros diez e siete moros, afloxaron los Portugueses, considerando
q’ a los contrarios se le aumentavan los socorros; i q’ quanto mas creciesse el
dia serian mayores. A este tiempo vieron hacia la parte de Marvella alguna
cavalleria, con q’ no solo desmayaron, mas se pusieron en vergonçosa huida sin
poderselo resistir Gonçalo Vello, mas viendo que esto ocasionava su total
destruicion, volviendo la espada contra sus soldados, i hiriendole sin piedad
decia: “O cobardes afrenta de vuestra nacion! De que huis? no veis q’ si aquella
cavalleria es enemiga, no podreis escapar a pie, i cansados de pelear en
retirada a una legua? Quereis morir vilmente huyendo, i no como valerosos
peleando? Bolved Portugueses, q’ os perdeis sin remedio, i morid como
valientes”. Puso Gonçalo Vello en esto tanta diligencia, q’ mas temerosos ya los
Portugueses de los golpes de su Capitan q’ de las heridas de los moros, huvieron
de bolver a incorporarse, i a resistirles, pussoles en orden el valerosso
caudillo, i se retiró incorporado a unos vallados para defenderse, i aviendolos
animado salio otra vez, i con gran resolucion embistieron, animados ya por q’
conocieron, por los pendones de la Cavalleria, que se encaminava a ellos, era el
otro troço de cavalleria de los Sayavedras, q’ siendo conocida de los moros se
retiraron a la montaña, dexando muertos otros quince. A este tiempo llegaron los
Castellanos que viendo la mortandad de los moros, alabaron grandemente, el valor
de Gonçalo Vello, i sus compañeros, i trataron luego de curar a los heridos que
eran muchos, desnudando algunos, i rompiendo las proprias camisas para
limpiarles la sangre, i atar las heridas, i si bien en los mas portugueses
salieron heridos, solo uno dellos quedo muerto. Estando assi juntos, dixo
Gonçalo Vello, q’ se aprovechassen de la ocasion, i embistiessen a los moros, q’
se hallavan cansados antes q’ creciessen los socorros: dixeron los castellanos
q’ dexassen descansar un poco los caballos, q’ havian caminado diez leguas sin
parar, i q’ despues podrian obrar mejor, parecio esto bien a Gonçalo Vello, i
dividiendo su gente, puso la mitad entre los moros, i los cavallos castellanos,
q’ estavan comiendo, i la otra mitad se fue a saquear, i quemar el lugar. Era
aldea mui noble, de trescientos vezinos, i de buenos edificios, avia en las
casas gran cantidad de lino, q’ era su trato principal, con q’ el incendio fue
mas breve, i menos remediable. Quemose aqui una principal mezquita, i tenida por
ventajosa a las del contorno, i aviendo recojido a vista de los moros lo mas
precioso, i menos embarazoso del despojo, se bolvieron a los compañeros, con los
cuales repartieron igualmente. Parecia a todos q’ no convenia detenerse mas, por
q’ siempre crecia el numero de los Moros, i assi se despidieron los unos de los
otros con lo q’ cada uno pudo llevar.
© F. J. Albertos, 2008